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Puré  Latino
Carlos Campos Serna

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Puré Latino...Relatos y Poemas

Copyright © 2012. Carlos Campos Serna

Por: arquitecto / escritor | Publicado: 25/06/2012 17:59 |

PREFACIO

   E
n mi adolescencia fui feliz, teniendo solamente como propiedad una cama, sobre la que tuve muchos sueños que se fueron realizando poco a poco después de que mis padres con sacrificios me permitieran terminar la universidad. Debajo de ésta guardaba algunas vestimentas con las cuales me cambiaba cada día de la semana en mi época de estudiante. Naturalmente, soñaba con ganar dinero que me permitiera la compra de una casa, un auto e invitar a salir a una chica de vez en vez. Esperé muchos años para lograr realizar esas tres cosas deseadas y que alguien del sexo opuesto  se animara a estar con mi presencia. Ahora tengo casa, auto y con respecto al dinero, pues va y viene, puesto que siempre hay que pagar esto y aquello; es decir, las responsabilidades que uno adquiere cuando se va llenando de cosas materiales. Tampoco necesité gastar mucho con las chicas, es que no fueron muchas, hasta que una de ellas se animó a echarse la soga con  un ser al que le es difícil demostrar el amor con palabras.
     Por otro lado, siempre me culpaba de las atrocidades que se cometían en contra de la humanidad por no encontrar la manera de luchar contra los responsables, por lo tanto, me conformaba con una charla de café con los amigos que  muchos de ellos por un largo tiempo habían quedado por la distancia en el camino del descuido, ya que la flojera me ganaba, por consiguiente, ninguna carta les escribía.
     He tratado de ser honesto hasta que me sentí presionado por seres sin escrúpulos, que manejaron las leyes de ecología a su conveniencia y me pidieron dinero para seguir construyendo mi casa de playa. Ya se los iba a dar. Por fortuna,  llegó un conocido a esa dependencia, que vio mi caso, el cual para él estaba en regla. Pero, sin embargo, tuve que pagar una multa, aunque no fuera culpable.

     También, he tratado de no ser injusto con las personas que me rodean. Esto, no lo puedo confirmar, tendría que preguntar a ellos y eso me da miedo por el simple hecho que digan mi triste realidad de no serlo.   

     Me ha cansado mi trabajo de constructor, luego de haberme quedado siempre con la tristeza de pagar menos por lo que hacen estos artesanos de la construcción, quienes en gran parte nunca llegarán a tener una casa propia y digna (yo sólo pago, y la empresa constructora es la que define los salarios).

     He olvidado mis últimos cumpleaños, no por la vanidad, sino por defenderme de la resta de los números rojos que me van alcanzando y me recuerdan que algún día abandonaré este universo sin haber logrado todos mis sueños.

     Antes la naturaleza pasaba de largo porque no la veía, menos la sentía, como ahora que me detengo a oler una flor, o cuando disfruto en la playa sobre la arena  las puestas de sol.

     Frecuentemente, evito las invitaciones sociales en donde se habla de negocios o cosas banales, pues prefiero la esencia de una reunión familiar. Además, todavía estoy en espera de los dioses o de los extraterrestres. Pero supongo que seguiré esperando, pues la exageración de los sueños solamente produce  una realidad fantástica, donde el ambiente se mueve símil una corriente de un río color celeste, que con el pasar de sus aguas cristalinas, va dejando  desprender fantasma de vapor que se transforman en nubes locas que alimentan a los cultivos sin llevarse  las casas de los que menos tienen, quienes en la actualidad están sufriendo  toda una serie de  calamidades naturales y gubernamentales. Esto es debido al cambio climático y el olvido de los gobernantes a mejorar las condiciones sociales de ellos. Situación que hace olvidar sus sueños a los jóvenes de estas familias, luego de que carecen de toda posibilidad para continuar con sus estudios, por lo tanto, se integran a temprana edad a cooperar con el gasto familiar, que nunca alcanza. Truncándose así el futuro de alguien que quiso cambiar su destino con una buena instrucción académica, la cual, personalmente, me ha dado la posibilidad de poder analizar los sucesos cotidianos en la que está inmersa nuestra sociedad. Precisamente, este libro es un puré mezclado de textos, compuestos por relatos cortos y poemas de un latino que está preocupado por el deterioro del medio ambiente, la corrupción en las instituciones públicas, la discriminación de los seres humanos, la elaboración de guerras ficticias con el fin de conquistar países  y la mezquindad de los grupos poderosos, que no permiten vivir en una sociedad justa por la mala distribución de la riqueza, la cual produce también una sociedad alternativa de delincuencia que prefiere vivir en la ilegalidad, practicando actividades como el secuestro o narcotráfico, en consecuencia, el Gobierno tiene que actuar en contra de ésta por medio de una lucha armada, que tiene con miedo a las personas comunes, quienes quieren  vivir solamente en armonía, sin envidia, sin miseria, con educación, con salud, pero sobre todo, con el signo de amor y paz...





Autor





UN PRóLOGO SIN ODIO

Implorando tu volumen sexual; embeleso de mi saña lobezna bajo la sombra de nuestro único satélite;  perverso testigo de mi vieja redención al teatro del pasado con veladas de ojos huecos nocturnos con goteos de  fastidios en un universo a la hora de pensar  sin una nota musical, que acompañara mis sonetos púrpuras de mi errante vagabundeo en esta ciudad de mugre, alcanzando casi la caja del final del camino al no encontrar la cómplice de tu piel; locura fascinante, que escondió para siempre mi danza en esta extraña enfermedad que fuiste tú con tu consuelo y tu sexo entregado a un peón negro de ajedrez, que moviste a tu antojo y no con antojo  mi grotesca agonía, esperando una alondra de alborada de tu  epidermis naufragada, que guardé en mis alucinaciones arabescas de placer con tu cuerpo  mortecino parecido a una  escultura disfrazada sin piedad de una desnudez acompasada sin llanura de hedonismo, esperando como un desquiciado onírico  el éxtasis oxigenado bienoliente de tu capullo sin entender el silencio mutuo de nuestros suspiros donde no hubo preguntas, ni búsquedas de ansiedades sin tu aroma de manzana;  misterio de buen sabor, hecho un poema para mí a través de tu camisón de seda con la cual se perdían mis orgasmos lúdicos en la tenacidad de la penumbra, fragmentadora  de la teoría sobre del cuento arrinconado del olvido que lentamente ha limpiado mi interior, acariciando tu recuerdo estático sin el odio obligado, pero sí, con un prólogo sin palabras en el libro que compartimos sobre las hoja blancas de la cama...



 


LO QUE ME QUEDA DE VIDA...

Si esa mujer
vestida de blanco y huesuda
deja que el tiempo implacable pase
sin impedir la suerte de seguir vivo
y consumar, lo probable de mi existencia
alcanzando el ocaso de la vejez,
guardaré todos los días
el amor de mis seres queridos.
En un futuro cercano
ya no regalaré flores,
sino que acariciaré con ellas
la marchita piel de mi mujer,
a mis nietos
les escribiré
historias y canciones infantiles
que contaré y cantaré
antes de que se vayan a dormir
y ya, en la cercanía del éxodo
partiré, quizás,
con el sentimiento
de mi abuelo
con frío en los pies
por eso tendré preparados
un par de calcetines,
y una sábana limpia
para que me vaya,
casi sin nada,
como llegué.
A varios de mis seres
más cercanos
se les caerá
una lágrima
en una esquina escondida
porque he prohibido
llorar mi último adiós
pero leerán mis historias
y poemas ya conocidos
antes que,
la mayoría de mis polvos
incinerados
sean esparcidos
en el Océano Pacífico
enfrente de mi casa de playa,
ya que el resto será enterrado
alrededor de las raíces
de un hermoso arbusto
de bugambilia
con hojas color lila
sembrado por mí
para que sirvan
de alimento y abono
y así
participe en dar vida
a los peces y a esa planta
antes de desaparecer
por última vez.


LA CUMBRE

   En una cuadra del centro de una capital latinoamericana se observaron  policías con lentes negros en un cielo gris, mientras en la otra cuadra salieron caminando tranquilamente unos ladrones de un banco. Lo único molesto para ellos fue el ta, tu, ta, tu de las sirenas de unas motocicletas que iban abriendo camino  a los autos de una comitiva. Los vecinos que viven en la cercanía donde se iba a realizar una cumbre  con personajes que siempre dividen a sus naciones entre derecha e izquierda y algunos verdes que resisten porque se votan entre ellos, no pudieron ir a sus casas porque no tenían sus identificaciones, por lo tanto tuvieron que esperar atrás de la valla metálica, protegida por policías. Ta, tu, ta, tu...De repente ya no se oyeron las sirenas, sino los motores de una fila de autos negros con vidrios polarizados. Algunas personas que estaban atrás del cercado en ese momento soñaron  con tener un Mercedes Benz. Ellos vieron salir de los autos hombres musculosos con traje negro que abrieron las puertas, vigilando arriba, abajo, a los lados como buscando algo sospechoso. Por una señal de ellos, inmediatamente salieron de los automóviles otras personas que  temblando se arreglaban sus corbatas porque siempre sospechan que pueden ser perseguidos por una bala, la cual les puede volar la cabeza por sus malas acciones. Llegaron al recinto, revisado por expertos en explosiones. Cuando entraron se sintieron seguros, suspirando profundamente, pero les volvió el miedo, pensando que tendrían que salir  para alcanzar sus autos blindados nuevamente. Debajo de la escalera que tuvieron que subir para alcanzar la puerta de acceso se encontraba un pordiosero.  La había escogido como otra de sus casas de la ciudad. Los expertos en protección habían revisado la noche anterior por todas las esquinas del aposento sin encontrar nada peligroso, ni  su presencia que se levantó ante tanto alboroto y el ruido de sus tripas. Antes de que fuera a pedir limosnas,  al ladito de su pequeño cuarto al aire libre, se bajó sus pantalones y, luego se puso a vaciar el huevo podrido (recogido de la basura) al lado por donde habían pasado los mandatarios que ya estaban discutiendo sobre la pobreza en Latinoamérica. Finalmente, sin ningún acuerdo, ni conclusión, salieron temblando y, oliendo el hedor, a pesar de sus colonias y perfumes de 100 dólares, dijeron:
!Puff!, aquí huele a pura mierda...


 
MOVIMIENTOS FINANCIEROS


  Sonó el timbre que dejó pasar al futuro Presidente Municipal de un municipio turístico. Todo su cuerpo bronceado que resaltaba sus ojos verdes atravesó una puerta blindada. Años atrás fue diputado federal de un partido político, que reinó por varias décadas en el puerto, el cual se muestra sin basura, sin baches y sin pobreza en la única calle que recorre la zona turística con un bahía espectacular con los vapores de verano, que la envuelve en un hedor a caca. Él había ahorrado parte de su fortuna con sus ¨lobbies, realizados en la ciudad con la venta de terrenos expropiados por el municipio, donde con el correr del tiempo se desarrolló una zona diamante, mientras los verdaderos propietarios los fueron lanzando en tierra de cultivos que se inundan cuando el volumen de agua rebasa la laguna con sus lluvias torrenciales de todos los años. Mientras el director del banco platicaba acerca de algunos créditos con el próximo alcalde, a una cajera le había llegado el sudor hasta en medio de sus piernas porque las cuentas no le cerraban. Le faltaron quinientos pesos al cierra del día, los cuales también faltaron en su quincena donde le había prometido a su hija ir a comprar una nueva mochila y materiales escolares para el nuevo ciclo escolar donde la estudiante se presentó con la del año anterior, la cual su mamá remendó varias veces hasta el mes diciembre que llegó la navidad. Dos semanas antes, una fracasada administración entregó al nuevo poder hospitales, escuelas, infraestructura urbana a medio construir y un supuesto pasivo de treinta millones de pesos : crédito privado que nunca fue reportado a un ¨banco estatal¨ muy importante, que hace sus cuentas millonarias con los impuestos de los trabajadores y que iba a necesitar como aval el nuevo Presidente Municipal cuando aceptó pagar con una nueva hipoteca bancaria dicha deuda que había salido de las cuentas bancarias de unos preocupados inversionistas que no querían perder sus ahorros. En este grupo pertenecía su esposa; la presta nombre del porcentaje que él había recibido por la venta de los terrenos con vista al mar, comercializados por sus amigos banqueros quienes lavaron parte de las supuestas ganancias de la futura Primera Dama del puerto con un préstamo a un maestro de primaria que se volvió una de las personas más rica de la ciudad en solamente tres años con el voto del ciudadano que había confiado en la izquierda... 


                                              
UN PRESIDENTE LATINO

Defenderé al pueblo como un ¨lobo¨,
pidiendo préstamos a naciones
desarrolladas del todo el mundo
con grandes intereses,
o fabricaré dinero,

endeudando al país.
Además, compraré empresas inservibles,
las cuales  aumentarán el gasto público
por el siniestro manejo administrativo
de mis funcionarios públicos,
quienes estarán a cargo
de las industrias paraestatales,
las cuales llegarán a operar
en números rojos, sin ser competitivas
externamente, ni interiormente,
pero si un gran disfraz
para cubrir la indecencia del influyentismo;
por consiguiente,
nunca habrá una revisión,
ni ninguna auditoria interna
hacia los supuestos funcionarios corruptos
que comprarán y sacarán dólares

al exterior,
produciéndose con esto
una nueva devaluación

de la moneda nacional
y la disminución del  ya precario

nivel adquisitivo.
Los padres de familia harán piruetas
para  mantener a sus familias,
pues el salario nunca alcanzará
los precios de los productos

de la canasta básica.

Al terminar este gran trabajo
me iré a descansar a¨ mi colina del lobo¨:
superficie expropiada,
rodeada con enormes árboles
de eucaliptos y pinos
fuera de la ciudad

y la contaminación del aire,
en donde se edificarán

 mis casas de la fortuna
por trabajadores del Departamento de Obras Públicas,
y con materiales de construcción,

 que serán cuantificados
en las requisiciones de las obras públicas de la ciudad.
Todos mis regalos,  trofeos, y pinturas,
que recibiré,  
por mi gran labor 
a favor de mis amigos

durante mi reinado,
al dejarlos  vaciar libremente
el arca del presupuesto público,
adornarán mi palacio.
Saldré a pasear,
cabalgando sobre mis diferentes caballos

de pura sangre
por las enormes superficies libres

de mi terreno
que será resguardada
por mi guardia personal,
pagada por el Estado.
Finalmente,  amparado en la democracia,
acumularé una gran riqueza,
apoderándome

de algunos millones de dólares
por la venta de la extracción del  petróleo,
que supuestamente, pertenece a la Nación.


UN BLOG DESCONOCIDO

      Voy  a realizar un blog donde escribiré lo que pocos ya dijeron. En realidad no inventaré nada. Mi ficción será la vida de personas desconocidas y ellos tampoco sabrán nada de mí, pues nunca podrán tener acceso a la modernidad del Internet y los que lo tienen no abrirán jamás mi página, pero sí,  las que les vende la publicidad. Por lo tanto, mis pensamientos e historias se perderán en un mundo virtual, el cual desaparecerá, quizás  cuando la Tierra ya no nos soporte más por no saber convivir con ella al quererle sacarle todas sus riquezas, asesinando otras que nos sirven  para vivir felices o preocupados en un sistema desigual, que cubre sus mendiga codicia  con estrategias  carroñeras en fundaciones  millonarias con chantajes de nuestros propios sufrimientos que, solidarios ayudarán  al más consternado de ellos con lo poco que le queda sin ningún comprobante fiscal; estrategia del buitre empresarial para producir más ganancias, aprovechadas para abrir casas de empeños;  intereses  sin sentimiento, los cuales desmantelará al chantajeado que de pronto se verá obligado a vaciar su casa del  estéreo pagado a cuotas al no alcanzarle para los útiles de la escuela que, quizás, los niños abandonarán en secundaria, pues los libros no son gratuitos y por eso tendrán que ser serviciales y no productivos para los hijos de los empresarios; inauguradores de ONG ambientalistas teniendo como invitado a un Rey que en su discurso defenderá a los animales en esa misma noche en la cual viajará al extranjero para no perder su reserva área a un sitio donde se matan elefantes por placer sin que lo sepan las personas de los estadios de fútbol y los equipos, cuyos jugadores famosos promocionan bebidas y alimentos que van a enfermar al espectador, quien pagará por estos males  a la industria farmacéutica, la cual no solamente comercializará sus medicamento a estas enfermedades crónicas, sino  a las adictivas que eliminan  el estrés de los problemas económicos  o animan al aburrimiento de tenerlo todo con el consumo de drogas ilegales cultivadas por el campesino hambriento, que vende su producto a los intermediarios; compradores de armas  donde exporta su mercancía, cuya ganancias son lavadas en ese país armamentista a través de bancos; prestadores de dinero blanqueado a las inmobiliarias para modernizar a la nación exportadora de droga  con grandes edificios de vivienda y corporativos que, sin saberlo, compraran a cuotas los nuevos esclavos que mantendrán a otro régimen, el cual administrará su dinero protegiéndose en las calles de la miseria con sus guardaespaldas y en sus recién estrenados  recintos parlamentarios donde seguirán peleándose por el poder, pero sin poder  solucionar los problemas sociales del común de los ciudadanos,  quienes me inspirarán con sus historias, las cuales escribiré, no obstante que ellos nunca llegarán a  leer  mi blog…


 EL NEGRO COCHINO

     Mis abuelos me heredaron una piel cobriza porque los árboles genealógicos de mis abuelos son    indígenas, africanos y, españoles por la conquista.

     Mi abuela de piel oscura se ganaba la vida practicando medicina herbolaria. Ésta en la actualidad es conocida como medicina alternativa. Mi abuelo de piel clara, era amigo de los niños del pueblo, debido a su costumbre de contar relatos sobre viajes a otros países, a pesar de que no tenía ninguna biblioteca, pues vivía en una parcela al aire libre en la que él sembraba arroz, maíz, frijoles y chile. Estos productos eran para consumo propio. El sobrante  lo vendía. Su espacio de dormir estaba sobre un frondoso ciruelo. A mis otros abuelos no los conocí, pues murieron cuando mi madre era muy pequeña.

     Cuando nací, mi mamá se horrorizó de mi apariencia, es que la teoría de Darwin se hizo tangible en esta criatura recién nacida. Ella, como cualquier madre, tuvo la esperanza que se realizara la metamorfosis del cisne: ¨nacen feos, pero con el tiempo se vuelven hermosos¨. Hasta ahora, la teoría de Darwin está vigente y lo seguirá estando, pues no visitaré ningún cirujano plástico a estas alturas del partido.

     Crecí bajo el intenso sol acapulqueño. Éste con el tiempo reforzó el color de  mis antepasados africanos. Así fue como se inició una era de apodos. Me nombraban “el negro cambujo”, “Memín Pingüín”, “el mono”, “el cenizo” y algunos otros que  ya mi memoria había olvidado. Y aunque esta señalización por parte de mis compañeros me volvió tímido por bajar mi autoestima, desarrollé una estrategia  mediante el estudio para conseguir el respeto de algunos de ellos, por lo tanto, fui  uno de los alumnos más sobresalientes de mi clase. Seguía creciendo y continuaba manteniendo el prestigio de estar en el grupo  de los más ¨inteligentes¨.

     Cuando los juegos infantiles se acabaron y empezaron a surgir los sueños de adolescente, me enamoré de una de las chicas más hermosas de la escuela. La esperaba a la salida de la secundaria. Un día, con valentía le pregunté si quería ser mi novia. Esperé por algunos segundos que parecieron eternos. Sentí un frío glacial en el calor tropical de todo el cuerpo, y, cuando  casi desfallecí, escuché por fin la respuesta: la niña más bella no quería ser la novia del niño más negro y feo de todo el puerto y sobre todo no veía ningún futuro en éste. Yo, tristísimo, sintiéndome muy solo, tuve miedo de la vida, de que no existiera. Hablé muy poco, me puse ausente,   llegaron deseos de morir, de guardar mi identidad por ese bofetón dado a un rostro de niño.

     Debido a esas crueles palabras, me propuse ser alguien en la vida. Olvidé mi deporte preferido que es el fútbol, el cual me dio la oportunidad de conocer y darle la mano al Rey Pelé. Perdí el descanso reparador de las noches, aprendiendo matemáticas, dibujo técnico, física, química, español y otras materias. Finalmente,  fui a estudiar a la Ciudad de México para ser un profesional y servir al desarrollo productivo de mi país.

     En ese período tuve un maestro, quien  dijo que  yo no tenía “presencia de arquitecto”. Nunca entendí con exactitud, el significado de ese mensaje. No sé si se refería a que mis anteproyectos eran muy malos, o  mi apariencia no correspondía a su estereotipo  de un arquitecto.

    Con ganas de poder, logré mi objetivo y por fortuna, realicé un proyecto social en el Estado de Chiapas, donde la pobreza era más que miserable y en donde el autóctono aún caminaba debajo de las banquetas, pues sobre éstas iban solamente los “coletos” (nativos de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas). En tres años de trabajo se mejoraron algunas viviendas con ayuda de la comunidad. En  el tiempo libre les fui enseñando sus derechos a través de la Constitución Mexicana. Esta actividad me volvió un supuesto mexicano comunista e indeseable en mi país, directamente desde  Chiapas.

     Pero la vida tenía una sorpresa que me había negado durante doce años: conocí a una mujer. No lo podía creer. Las flechas de Cupido encontraron mi corazón, enamorándome de una alemana parecida a Claudia Schiffer… quien sólo quería una aventura…

     Le había atraído todo lo opuesto a ella: una estética distinta y un color de piel quemada por el sol  en las montañas de los altos de Chiapas. Así que, nuevamente, con el corazón destrozado, una maleta, una grabadora y varios cartones que contenían libros revolucionarios, regresé a la casa de mis padres. Ahí recuperé fuerzas y seguí en la búsqueda de ser alguien. Pero como  algunos  recuerdos seguían presentes, no dejaba de pasar frente a la casa del primer amor platónico.

      Sin lograr verla, fui en busca de nuevos horizontes y gracias a la desgracia, retomé la práctica de mi quehacer profesional, restaurando inmuebles históricos abandonados y olvidados por muchos años, los cuales no se habían caído con el terremoto de septiembre del ochenta y cinco. En un trabajo casi como forzado y con un salario que alcanzaba para comer lo injusto al día, participé en el levantamiento de la Ciudad de México.  Cuando estaba terminando este gran proyecto,  el destino me unió una vez más con Alemania: recibí una beca para estudiar alemán en un país en el que fueron asesinados seis millones de judíos por la absurda finalidad de hacer una limpieza “racial” (lo apropiado dentro de lo inmoral, sería “limpieza étnica”). En ese tiempo, los alemanes no hablaban sobre su historia nefasta. Además, conocí a la hija de una pareja que se salvó  de la  Segunda  Guerra Mundial,  quienes tenían reservado el pensamiento Hitleriano, en el que la raza aria no debía mezclarse con otra, mucho menos oscura, por lo tanto, mis suegros desheredaron por un período a su hija por el hecho de haberse unido con un mexicano. Otros alemanes de la misma generación, también pensaban que  yo había aprovechado la ocasión para salir huyendo de un país pobre y tomar los beneficios de una nación desarrollada. Pero la conciencia en la mayoría de sus descendientes había  cambiado: ya no era como la suya, así que un año después, los colores se mezclarían con el nacimiento de una niña muy bella de piel canela,  la  que en sus días de inocencia, me defendería cuando algunos niños alemanes le decían que yo era un “Ausländer” (extranjero en Alemania es discriminatorio). Ella les contestaba, que yo no era un extranjero, sino un mexicano. Con ese encuentro, mi vida hizo un giro de trecientos sesenta grados al lado de mi esposa y con la crianza de nuestra hija. Fui conociendo nuevos países: Argentina, la India, Perú y sobre todo Alemania. Doce meses permanecí en ese territorio hasta el primer traslado de mi esposa a donde se baila el tango. En Argentina, cuando mi hija dormía, empecé a leer libros de Goethe y Schiller. Luego, conocí personalmente a Günter Grass y a Uwe Timm. Platiqué con Carlos Fuentes y Laura Esquivel. Me encontré criticando películas mexicanas con Vargas Llosa; todos ellos, personajes sumamente reconocidos y al mismo tiempo, muy gentiles y dispuestos. Estaba ya, en la “high society”, pero también iba a platicar a escondidas con los meseros en alguna esquina, porque mostraban más consideración que una señora de nariz respingada, quien   se alejaba,  sin disculparse, al ver a algún embajador o cónsul, dejándome hablando solo.

      Los viajes intercontinentales se volvieron comunes, pero aún, en los aeropuertos de Argentina, Alemania, Perú y hasta de México, sospechan que soy narcotraficante, terrorista o un latinoamericano que quiere ir a Estados Unidos. Nuevamente mi apariencia  me juega ¨malas pasadas¨. Creen que el pasaporte es falso, pues llevo un documento de identidad oficial alemán con nacionalidad mexicana. Esto no lo entienden los controladores de migración y me pasan al salón de los acusados.

     Alguna vez, al estar en uno de estos locales, observé un cartel con una pregunta muy curiosa que decía: “¿El racismo, es natural o cultural?”. Esta pregunta me había hecho reflexionar varios años, hasta hace unos días.

      Una tarde, contemplando   la   inmensidad del mar y paseando por un malecón de Lima, con el objetivo de prevenir esas enfermedades, presentes después de los cuarenta años, se me acercó un niño sonriente, no mayor de tres años, quien trajo a mi memoria otro de los apodos de mis raíces africanas, y que creí que había olvidado, diciéndome con un saludo: “¡Hola, Negro Cochino!”



                       YO, MI PAPÁ Y UN SUPUESTO NEONAZI                
 
      En el puerto de Acapulco donde nació mi padre se organizaba el Día de la Comunicación Internacional. Se contaba con la presencia de grandes personalidades internacionales y nacionales del cine, la farándula y el deporte. Los dos mejores equipos infantiles del puerto, después de jugar un partido amistoso, podrían saludar al Rey del fútbol: Edson Arantes do Nascimento: Pelé. Mientras lo esperaba, mi Teddy tuvo que soportar sus nervios y  las ráfagas de saliva de un famoso locutor deportivo que en cada inicio de un partido decía: ¨A todos los que quieren y aman al fútbol, los saludo¨. Lo vio llegar, con un traje blanco que combinaba con su piel negra. Le pareció un enorme gigante hecho de ébano. Cuando lo saludó, sus vellos se estremecieron de la emoción, mientras  su mano se perdía en su manaza. En la ducha, él cubrió con una bolsa de plástico por una semana su pequeña mano que había sido tocada por el gran jugador de fútbol, según mi papá,  para que no se perdieran las vibraciones que le había pasado al saludarlo. Además, tuvo la ilusión de llegar a ser como él.  Creo que la ilusión se quedó en su niñez, ya que yo jamás lo he visto jugar, pero si he ido con él a ver un partido de fútbol que me dejó un impactante recuerdo cuando tenía cinco años: un jugador extranjero desde media cancha tomó la pelota cerca de su pie izquierdo, con dos quiebres de cintura pasó a un defensor y al portero del grupo contrario para empatar un partido importante de nuestro equipo ¨Werder Bremen¨ que en ese año salió campeón de  Liga y de la Copa alemana. Todos los espectadores se levantaron de su butaca como un resorte a festejar la anotación. Mi papá me subió sobre una de ellas para  gritar el gol que representaba el campeonato. De repente vi dos enormes brazos envolver el cuerpo de mi padre en el cuerpo musculoso y corpulento de un hombre rubio, quien supuse quería asesinarlo, pues en aquellos tiempo de campeonato se empezaba a formar una nueva generación nacionalista con su espeluznante imitación de copiar a la perfección a sus ídolos nazis que enviaban a las madres  e hijos juntos a los hornos, porque  según los celadores, era inhumano soportar que uno de ellos llorara la muerte del otro. Así que los neonazis empezaban a quemar algunas  casas con familias enteras de extranjeros. Este grupo ya se estaba reflejando a lo largo de las calles en los semáforos de un pequeño pueblo de Alemania, los cuales fueron pintados de blanco, rojo y negro con las siglas de un partido, representado por la sangre aria, el honor, la patria y el trabajo que necesitan los agresivos jóvenes desempleados del supuesto ¨Cuarto Reich¨ que logró sentar un par de legisladores en el parlamento reclamando alegóricamente  que ¨ Alemania es para los alemanes¨ y ¨África para los changos¨. Además estos hechos criminales eran más frecuentes, no solamente ante la pasividad ciega de los políticos, sino también de la institución de seguridad pública, la cual, se decía, estaba sirviendo como base de entrenamiento en estrategias de guerra y el uso de las armas  a estos militantes. Estos acontecimientos hicieron salir nuevamente ¨el sentimiento de culpa¨ en los ojos lacrimosos de una pareja alemana, que tuvieron que cancelar unas vacaciones cerca de ese pueblo donde se podían encontrar, entre cerveza y un asado, festejando por un ¨feliz holocausto¨ a las cabezas rapadas, de cuya agresión contra los extranjeros,  los amigos  alemanes no querían exponer a mi padre, quien inquieto por mi mezcla de sangre zapoteca, africana, francesa, española y alemana, reflexionando,  decidió darme la oportunidad de tener otra nacionalidad que me permita el chance de tener la seguridad de ser cobijada entro los brazos de mi familia mexicana, como se sintió mi Teddy esa tarde en el estadio, festejando el gol  con el alemán quien; por suerte, traía escondido entre sus mangas de la camisa un tatuaje sobre su blanco brazo, iluminado con letras negras que formaban una frase con dedicación a los neonazis: ¨Yo también soy extranjero¨.


 
 
 
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