Hola a todos, mi nombre es Miguel Sánchez y no soy alcohólico. El primer paso es reconocerlo, dicen. Tengo 33 años y durante mi vida me han pasado tantas cosas que
ardo en deseos de explicarlas a todos, para que aprendáis de mis
errores, y no los cometáis vosotros también. Por eso me he decidido a
crear esta página, la página de Mi Odisea. Aplicando un poco de psicología de salón, alguno dirá que mi ego es
tan grande que necesito mostrarme al público, en la creencia que
llegaré a ser admirado por miles de personas. Y no digo yo que no sea
así, básicamente porque yo soy de ciencias y de psicología no tengo ni
papa (no, la psicología no es una ciencia, si os apuntásteis a esa
carrera es porque estaba llena de chatis, que yo también he sido
estudiante). Lo que me lleva a recordar que soy informático, ya sabeis,
lo que el agricultor en la edad media, pero en el siglo XXI, es decir,
el escalón más bajo de la sociedad, pero bueno, ya llegará el día que
toque ese tema, por hoy me quedo en la presentación. En cuanto a mi familia, pues poco hay que decir, soy el menor
de cuatro hermanos, a saber: Cipriano (cipri pa los colegas) que es el
mayor, seguido por la dulce Anastasia, y justo después viene Humberto.
Sí, efectivamente, son nombres poco comunes, por decirlo suavemente. El
caso es que mi nombre es el más agraciado de todos porque como llegué
el último ya no quedaban abuelos a los que rendir homenaje dando su
nombre a los nietos... no todo iba a ser mala suerte en mi vida, ¿no? Pero lo cierto es que ahí se acabó mi suerte. Eso que dicen que el hermano pequeño lo suele tener más fácil porque
los grandes ya le han 'abierto camino', no es cierto del todo, a mi lo
único que me abrieron fue la cabeza, de una pedrada cuando tenía 5
años. Y fue mi hermano Cipri. La triste realidad es que pasé mi infancia vestido con ropa de
tercera generación, es decir, estrenada por Cipri, recuperada por
Humberto, y finalmente remendada en exclusiva para mi. Pero bueno, de
pequeño no te importa demasiado, lo que si jodía más es llevar la
bicicleta rosa de mi hermana cuando mis colegas llevaban la Panther con
cambio de marchas... Y no digo nada del 'ordenador', ese entrañable ZX
Spectrum +2 al que podía jugar una partida al Green Beret solo cuando
mis hermanos se cansaban, es decir, cuando mi madre ya nos había
llamado tres veces para que fueramos a comer. Pero bueno, por suerte la infancia pasó más o menos rápida, y ahora
ya soy un hombre hecho y derecho, con la suficiente experiencia como
para contaros mis vivencias sin que se hagan demasiado aburridas. Por hoy ya está bien, pero prometo seguir escribiendo mi
autobiagrafía. Guardad esta página en favoritos, enlazadme desde
vuestras webs, e id ahorrando para compraros la edición de bolsillo que
sacaré de toda esta historia.