La odisea de mi vida


Bitácora de un desgraciao

Artículo de la web La odisea de mi vida, creado el: 6/4/2009 10:28:10 AM

Anotar en:    
Contenido

De siempre me gustaron las zapatillas deportivas Adidas. En el patio del colegio eran las grandes triunfadoras, seguidas de cerca por las Puma, pero el estatus de triunfador popular se demostraba, sin lugar a dudas, con las zapatillas de las tres líneas diagonales.

Aún no se conocían las Nike, Reebok ni Umbro. Como mucho los 'alternativos' llevaban unas John Smith que siempre he asociado con los perdedores con personalidad, los sin personalidad llevaban las Jhayber de cuatro duros que se vendían en el mercado. A las Jhayber también se las llamaba Delmon, curioso chascarrillo que no era más que el acrónimo de: 'Del montón de la plaza'.

Cuando eres aún un criajo, las zapatillas deportivas son un punto de referencia, un objetivo a cumplir, un sinequanon para relacionarte con los tios guays de la clase. Así que como podeis imaginar, el pasar de utilizar zapatillas deportivas a zapatos fue, aunque pueda parecer banal, un gran salto evolutivo hacia mi madurez personal.

¿Y qué me motivó para pasar de mis Adidas a mis Martinelli? Pues como no, las discotecas. 'Sin zapatos no entras, chaval' esa frase me marcó. Tanto el segurata como yo sabíamos que el problema era que yo no tenía 18 años, pero ya se sabe que los seguratas tienen ese corazoncito que les impide dejarte en evidencia delante de las chatis de la cola, y en vez de darme una patada en culo, se basó en un defecto de forma para no dejarme entrar. Si hay alguna madre leyendo este blog, dirá que el segurata hizo bien no dejando entrar a la disco a un chaval de 16 años, pero lo cierto es que si me hubiera dejado entrar, mi presupuesto hubiera alcanzado para un cubata, nada más. En cambio, al ser rechazada mi entrada en el templo de la sodomía (esa era mi visión entonces, claro), mis 1000 pesetas se invirtieron en litros de clara, mucho más barata, en otro templo: el Bar Sol, donde acabamos ahogando las penas aquel viernes.

Así fue como mis otrora admiradas Adidas, pasaron a ser denigradas y objeto de burla y escarnio. Mi orgullo me impidió comprarme unos zapatos y volver a intentar la entrada a la discoteca hasta al cabo de dos meses. Todos sabíamos que volvería a intentarlo, pero había que demostrar que haber sido rechazado no supuso un golpe a mi moral, así es que fue mejor dejar pasar esos dos meses.

La siguiente vez que me presenté delante del segurata fue con mis Martinelli recién estrenados. Y fue entonces cuando me pidieron el carné, y tampoco pude volver a entrar, pero eso es otra historia que tocaremos más adelante en mi autobiografía.

Por cierto, desde aquel día me acostumbré a llevar zapatos, y aún hoy los llevo (no el mismo par, por supuesto), pero ya no son Martinelli, porque ahora me los pago yo, y mi sueldo de informático no me da para esos lujos, así es que llevo orgullosamente unos zapatos Delmon con suela de goma que chirrían sobre suelos recién fregados. Pero con la cabeza bien alta, que ya no tengo que impresionar a mis compañeros de cole.

Por cierto, mirad este enlace: Las zapatillas Adidas Predator de Beckham.

Por miguel desgraciao el [04/06/2009 10:28]
Publicado en : Adolescencia
Comentarios : 0

Artículo de la web La odisea de mi vida, creado el: 6/4/2009 10:26:19 AM

Anotar en:    

Hoy me he entrenido un poco mirando galerías de fotos, de esas que la gente pone en internet, pensando que ningún conocido las verá jamás... O eso, o realmente la gente está muy mal.

Y si no os lo creéis, mirad este par de fotos que alguien ha puesto bajo el sugerente título de: Amos y esclavos. Act: Desgraciadamente borraron la página... cachis

¿Increible o no?

Por miguel desgraciao el [04/06/2009 10:28]
Publicado en : Cosas que me hacen reir
Comentarios : 0
Entradas más antiguas >
Secciones de la web
Publicidad
Esta web pertenece a la categoría Personal