El blog de Random y Bapho


Cosas que nos pasan

Dedicado con todo el cariño al diseñador de los dispensadores de bicicletas

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Esta entrada va dedicada especialmente al ingeniero, o al equipo de ingenieros, encargados de diseñar los dispensadores de bicicletas para el famoso servicio de Bicing de Barcelona. Señor desconocido, con este proyecto ha alcanzado usted su  Magnum Opus, no le quepa la menor duda. Puede estar seguro de que está presente en las oraciones de multitud de barceloneses.

Todos aquellos que circulamos habitualmente por Barcelona estamos ya acostumbrados a la estampa de estos dispensadores. Un bonito poste con una pantalla donde poder identificarte como usuario del sistema y una larga barra con unas cuantas bicicletas acopladas. Son fáciles de distinguir, aun en la distancia, por las congestiones de tráfico que habitualmente generan las grandes furgonetas de mantenimiento que se paran a su lado. No hay pérdida.

Bien, el sistema funciona más o menos aceptablemente: te identificas y tomas tu bici de entre el grupo de bicicletas disponibles que hay en la zona habilitada para su estacionamiento. ¿Sencillo? En apariencia, porque ahí interviene el protagonista de este artículo: el equipo diseñador de los dispensadores. Una entidad abstracta que a partir de ahora llamaremos “La Mente”. Si, con mayúsculas. No es para menos.

Una norma básica en el diseño es, o debería ser, que cuando se piensa un aparato destinado al gran público (personal no cualificado o sin conocimientos técnicos) se debe simplificar su funcionamiento al máximo. Hay que conseguir que el diseño se aproxime lo más posible al ideal de “a prueba de fallos”. Pongamos un ejemplo: si dos piezas deben ser encajadas por el usuario en una posición concreta, éstas han de diseñarse para que sea materialmente imposible encajarlas de cualquier otra. En caso contrario mucha gente se equivocará al hacerlo.

La mayoría de diseñadores, fabricantes de electrodomésticos, de electrónica de consumo, o de cualquier otro producto destinado a la distribución en masa, hace años que han aprendido la lección. Pero no así La Mente. La Mente, en un hercúleo arrebato de inspiración creativa, diseñó un par de anclajes de fijación completamente cilíndricos que además de aportar un dudoso valor estético, permiten que la bicicleta pueda encajarse en dos posiciones distintas. 

Resultado: en cualquier dispensador de bicicletas vamos a encontrar aproximadamente el 50% de las bicis colocadas correctamente en la zona reservada para ello, mientras que el otro 50% están justo en el lado opuesto del dispensador, ocupando un buen pedazo de acera que no les correspondería para la infinita alegría y agradecimiento de los peatones que han de pasar por allá. Un agradecimiento que puede llegar a tornarse en alabanza  cuando estas bicis mal colocadas casualmente se sitúan junto a cualquier otra pieza de mobiliario urbano para formar así una improvisada barrera. Véase por ejemplo la muy afortunada combinación de dispensador de bicis más parada de metro y paso de peatones que encontramos en el cruce de Rocafort con Gran Vía.

Pero no, no culpo a los usuarios del bicing. Como en cualquier servicio destinado al gran público, hay que tener en cuenta que un buen porcentaje de usuarios van a ser descuidados, torpes, o incluso malintencionados. No, en este caso la culpa recae en los responsables del diseño, en La Mente. En un equipo que ha sido lo suficientemente descuidado como para permitir que los usuarios le fastidien el invento desde el primer día de una forma tan sencilla como absurda. 

¿Realmente en el equipo de diseño no hubo nadie que se diera cuenta de lo que iba a pasar? ¿Nadie supervisó la idea con posterioridad? ¿Hay un mínimo de neuronas en el interior de La Mente? ¿No queda ya vida inteligente en los órganos de gobierno de la ciudad? Interesantes preguntas, vive Dios.

Y lo más divertido es que la solución resulta simplemente trivial: fabricar los enganches con una sección en forma de “D” en lugar de hacerla completamente cilíndrica. No, no me deis las gracias, os regalo la idea. Soy así de generoso.

Otro tema que también clama al cielo es que tras estos años de problemas y mal funcionamiento todavía no se haya puesto remedio. 

Tres hurras por los responsables del ayuntamiento. 

                                                                              Random
Por RRandom el [29/06/2009 13:31]
Publicado en : Sociedad
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Dedicado a las mentes preclaras que hay tras la iniciativa del Bicing barcelonés

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No es que me agrade especialmente dedicar y personalizar una de las entradas de este blog, pero creo que la ocasión lo merece. Es más, se merece no una entrada, sino dos. Así que a todas aquellas brillantes mentes pensantes que idearon el proyecto del “Bicing” en la ciudad de Barcelona: va por ustedes.

Pero lo primero es lo primero, ¿qué es el Bicing? Básicamente es una palabra chachi-guay-ultra-mega-ecolo-progre-de-la-muerte ideada sin duda por algún experto en marketing para describir un servicio municipal de alquiler de bicicletas. ¿A que queda moderno eso de “bicing”? Dónde vas a parar. Solo con escuchar “bicing” ya me entran ganas de correr a pagar la correspondiente cuota al ayuntamiento. 


La idea en teoría no suena mal: moverse en bici por Barcelona. Más ecológico, más sano, haces más deporte, consumes menos gasolina, etc, etc. Supongo que al sector ecolo-progre que pulula por el ayuntamiento debió parecerle una idea de lo más excelente para cuidar el medio ambiente y facilitar la movilidad. Igual hasta perfilaron dicha idea mientras circulaban en su coche oficial de vuelta a sus respectivas casas en la zona alta de la ciudad. Ah, ¿no había mencionado el pequeño detalle del coche oficial? Ya veis, resulta irónico que buena parte de los promotores del invento no vayan a usarlo jamás. Bueno, miento, apuesto a que lo usaron para la foto oficial el día de la inauguración. Si es que todavía hay clases entre los ecologistas. Faltaría más. 

Pues nada, a comprar bicicletas, instalar dispensadores de bicis y montar carriles bici por toda la ciudad. Ale, ya está. El problema del transporte público en Barcelona ya está solucionado. ¿O no? Tras unos añitos con esto del “bicing” podemos extraer algunas conclusiones:

¿Más sano? Deporte haces, cierto. Pero eso de ir resoplando y pedaleando detrás del tubo de escape de un autobús a mi no me parece nada sano. Seré raro, pero… De hecho puestos a ser puntillosos incluso podríamos afirmar que al aumentar el ritmo respiratorio el ciclista urbano está respirando más contaminantes por minuto que la persona que va a pie, en bus, o en coche. Sería curioso que alguien llevara a cabo un estudio al respecto, a ver si al final resulta que lo que ganas perdiendo lorzas, lo pierdes destrozándote los pulmones.

¿Más rápido? Otra de las cacareadas ventajas es que uno se mueve más rápido por la ciudad. Si y no. Depende del trayecto y depende de que el dispensador de bicicletas situado cerca del destino no esté completamente lleno y uno deba liarse a dar vueltas para dejar la dichosa bicicleta. Un ejemplo real: 15 minutos de trayecto y casi 25 para encontrar un hueco libre donde dejar la bici. Genial, casi 40 minutos en total. En ese tiempo casi se puede cruzar toda Barcelona en tren, en metro, o incluso en taxi. Brutal ganancia de tiempo, pardiez.

¿Más ecológico? Sin entrar a valorar el coste ecológico de la instalación del sistema (recordemos que las bicis se tienen que fabricar y pintar en algún sitio), el ahorro de combustible es discutible teniendo en cuenta lo bien pensados que están los carriles bici. Estratégicamente colocados para añadir nuevas paradas en las que los coches deben quedarse al ralentí soltando humo. Por no hablar de las furgonetas con remolque dedicadas al mantenimiento de las bicis que a cualquier hora del día se plantan delante de los dispensadores cortando la circulación en uno de los carriles de la calle. El “bicing” genera atascos, pero como son atascos ecológicos supongo que no deben contar. Genial, nuevamente.

¿Útil para llegar al trabajo? Pues nuevamente depende de dónde se trabaje y de la época del año. Si uno trabaja en un almacén moviendo mercancía llegar algo sudado al trabajo no creo que sea un problemón, pero como trabajemos en una oficina o de cara al público al segundo día que aparezcamos rodeados del agradable aroma del sudor nos tirarán por la ventana. Menos mal que en los veranos barceloneses casi no se suda, nótese la ironía.

Y todo esto sin entrar a valorar el hecho de que la gran mayoría de usuarios del “bicing” se pasa por el forro los carriles bici y circula por donde le viene en gana. Claro, como van en bici y las señales de tráfico son para los coches pues ¿para qué hacerles caso? Los peatones ya no sólo deben tener cuidado al cruzar una calle, ahora también deben andarse con ojo cuando andan por la acera no sea que aparezca un esforzado ciclista urbano.

Sencillamente brillante todo el conjunto. Casi tan brillante como la luz de una vela.
Otro día hablamos del estado del transporte público en la ciudad.

                                                                          Random

Por RRandom el [29/06/2009 13:29]
Publicado en : Sociedad
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