
Hoy toca un poco de historia, de esa historia curiosa y en ocasiones un tanto bochornosa que no suele figurar en los libros de texto.
Corría el otoño de 1814 allá en la lejana Albión, más concretamente en su capital, Londres, cuando en las instalaciones de la destilería Meux’s Horse Shoe Brewery se dio por finalizada la construcción de la que posiblemente fuera una de las cubas más grandes del momento. Una cuba con capacidad para más de 600000 litros de cerveza, o lo que es lo mismo, más de 3500 barriles. Que no es poco.

Para celebrar tan destacado evento, justo antes de llenar la cuba de cerveza, la destilería decidió celebrar una comida dentro del gigantesco barril. Cuentan que consiguieron acomodar a unos 200 comensales en su interior, duplicando orgullosamente la marca establecida por un fabricante de la competencia que “únicamente” pudo llegar a acomodar 100 comensales en la inauguración de su cuba. Una curiosa costumbre esa de comer dentro de barriles gigantes.
El caso es que tras la comilona se procedió al llenado de la cuba con rica cerveza inglesa. Y hemos de suponer que se llevó a cabo en un ambiente bastante alegre, recordemos que a fin de cuentas se trataba de una destilería, pues nadie se percató de que uno de los soportes de la cuba era defectuoso. Evidentemente ocurrió lo que tenía que ocurrir, la cuba cedió y se rompió llevándose también por delante otros depósitos cercanos. Se estima que casi un millón y medio de litros de cerveza inundaron violentamente las calles cercanas para sorpresa y alegría de los vecinos.
La noticia corrió como la pólvora: ¡cerveza gratis para todos! ¡Fiesta! No hizo falta repetirlo dos veces: se reunió tal masa de londinenses borrachos que hasta los propios trabajadores encargados de las labores de rescate y desescombro tuvieron dificultades para llegar hasta el lugar del accidente.
En un hilarante giro de humor negro, la riada de cerveza aun nos dejó una coletilla final. Amén de diversos muertos, el accidente del barril dejó un reguero de heridos más o menos graves empapados en cerveza de pies a cabeza. Según parece, conforme estos heridos se iban acumulando en un hospital cercano, el olor a cerveza se fue extendiendo por los pasillos y salas del mismo hasta el punto de que los pacientes ingresados llegaron a pensar que en el hospital se estaba repartiendo cerveza gratis a todo el mundo excepto a ellos.
Por supuesto tamaña afrenta no podía ser tolerada, había que lavarla con sangre o mejor aun, con cerveza. En poco tiempo estalló un verdadero motín hospitalario que acabó por aumentar aun más la ya larga lista de heridos causada por la inundación cervecera.
Parece que la proverbial afición de los londinenses por la cerveza viene ya de lejos.
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