Juan Manuel Fangio fue un piloto excepcional. Hasta la llegada de Michael Schumacher con sus 7 campeonatos del mundo (hasta el momento), el argentino fue catalogado como el mejor piloto en la historia de la Fórmula 1.
Por supuesto, es muy difícil comparar pilotos de diferentes épocas, incluso en la misma es harto complicado debido a que no solo la pericia del piloto es importante, sinó que lo es más el monoplaza que conduce. Aún así, Juan Manuel Fangio sigue siendo un mito y un referente en cuanto a pilotos de carreras.
Fangio, el maestro, corrió con diferentes escuderías, pero la fotografía que quizás nos venga a la mente cuando pensamos en él, es precisamente la del chueco subido en el Maserati 250F.



Con este monoplaza Juan Manuel Fangio consiguió su quinto y último título de Fórmula 1 en 1957. Aún se recuerda la gran carrera que realizó en el circuito alemán de Nürburgring, cuando en la última vuelta adelantó a los dos Ferraris que se le habían adelantado debido a un problema que sufrió Fangio en la recarga de combustible.
Este modelo, el BRM P153 de 1970, en manos del piloto mexicano Pedro Rodríguez, fue el vencedor en la mítica carrera de Spa Francorchamps, Bélgica, de ese mismo año.
Además de aquella impresionante victoria, Pedro Rodríguez consiguió en 1970 un segundo puesto en Estados unidos, un cuarto lugar en la carrera disputada en Austria y un sexto en el Gran Premio de Mónaco.
Sin lugar a dudas, la combinación de este excelente auto, junto con las manos del mexicano de 30 años, rubricaron una excelente temporada.


