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Pequeñas historias

Por: bonsaicantabria | Publicado: 30/01/2011 19:39 | | | #Cont:14
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bonsaicantabria
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Para documentarme y conseguir la información para escribir este artículo, ver, escuchar y aprender sobre los auténticos shimpakus contacté con las personas responsables de los viveros donde se conservan los Shimpakus Itoigawa recolectados en las montañas:

HIMEKAWA EN


3036 Ohaza Suzawa Oumi-cho,
Nishikubiki-gun (en la ribera del Himekawa)

Propietario: Hajime Umesawa, una persona modesta y honesta. Totalmente comprometido con la recolección de shimpakus de montaña. En su vivero está el acodo de Hiryu.

El vivero se encuentra en la costa cerca del monte Kurohime. Aquí se pueden ver muchos shimpakus del monte Myouji que van desde tamaños grandes a medianos y pequeños. Umesawa piensa que hoy en día los bonsai de shimpaku están muy elaborados y en su trabajo, se empeña en que los árboles no pierdan ese carácter natural que tienen en las montañas. También pueden contemplarse muchos suisekis encontrados en el rio Himekawa.

KATAOKA EN


421-Ohaza Ohno
Ciudad de Itoigawa

Propietario: Michio Kataoka. Muy activo y amable. Fué el que me presentó a Ikahara. También me cedió muchas de sus antiguas fotos y documentos para el artículo.

Está situado en la autopista nº 148 desde el rio Itoigawa en dirección a Ohmachi. Además de los shimpaku de montaña tienen distintos trabajos de material injertado. Y se puede aprender mucho sobre como conseguir un buen follaje. Han estado trabajando con Shimpakus durante muchos años y por tanto se pueden sacar de ellos grandes enseñanzas y experiencias.

SHOUFUU EN

343 Ozaz Nekoya, Itoigawa
Propietario: Shigeki Ohta. Un hombre afectuoso y sincero que sabe mucho de la historia de los shimpakus. Está tratando de fomentar la difusión del Jyouestu Goyo (Himekomatsu: pino blanco japonés) así como del Shimpaku. Desde su vivero se puede ver a distancia entre otros el monte Kaitani

El vivero está situado un poco al este desde “Nechi” por la autopista 148. Ya es la tercera generación que lo regenta y su familia ya tenía una tienda en Ogikubo en Tokyo antes de la 2ª Guerra Mundial. Se puede decir que este vivero ha tenido una profunda relación con la historia de los Shimpaku Itoigawa. Tienen colgada en la pared una imagen de “Tsuro no mai” (baile de la grulla) pintado por Gyofuu Souma. En este vivero también se resisten a modificar los shimpakus queriendo mantener esas características de los árboles de montaña. Son los dueños de las famosas piedras del rio Himekawa. Como está muy cerca del Kaitani, se pueden oir muchas anécdotas y leyendas sobre la historia local.

Bueno, este es todo el artículo. Espero que os haya gustado.

Saludos


Nota. Una vez completado el articulo desde aqui quiero agradecer a Albinoni, de Bonsaisur http://bonsaisur.mejorforo.net/ el trabajo que ha realizado y el permitinos disfrutar de sus articulos en nuestra pagina web


Diego4614
Diego4614
Buenísimo, muy interesante...
M.A.D.
M.A.D.
Pues eso mirar lo que encuentro por interne

t

Es que algunos estan en todas partes.
jose angel
jose angel
miguel angel se esta donde se tiene que estar y lo demas sobra lo que pasa que como tu nunca estas te da rabia jejejejeje
bonsaicantabria
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Jajajaja Miguel Angel solo has tardado un año y medio en encontrarlo
jose angel
jose angel
carlos mas vale tarde que nunca jejejejerjer
bonsaicantabria
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Prometo que es la última vez que os hablo de un árbol muerto (a los muertos hay que dejarlos tranquilos …) pero quería editarlo pues buscando información sobre este árbol he encontardo un artículo muy interesante sobre el Shimpaku y la historia sobre su “recolección”, tema candente donde los haya ahora en este foro (con esto intentaré aportar mi pequeño grano de arena). Lo voy a separar en 11 capítulos que iré publicando poco a poco. Espero que os interese, descubriremos a unos recolectores apinistas en montañas heladas, por que se denomina Itoigawa al chinesis y otras cosas interesantes.
Pero comencemos con el protagonista de hoy … Muchos aficionados y profesionales del bonsai con buenos conocimientos de literatura china considerarían este bonsai como la mejor obra de la historia. Gozaba de gran fama en su región cuando aún se hallaba en la montaña de Umidani y lo llamaban “humo de volcán” (que describía con realismo su poderoso tronco, remolinos y shari).

Dicen que atrajo la atención del noble Yoshiharu Satake que tenía una gran afición por los bonsai, a finales de la década de los años 20´s. Fue adquirido a través de un comerciante llamado Oomeda.
Keisuke Tanaka (estoy intentando, en contra de la cultura japonesa poner siempre el nombre antes del apellido pero seguramente acabaré equivocándome), el gran coleccionista de bonsai, lo heredó después de pasar por los cuidados del noble (en algunos sitios le dicen marqués pero …). Fue la gran estrella del enorme jardín Kokkoen, donde fue admirado por mucha gente. En un pais destrozado por la guerra, se secó durante la posguerra. Se conoció por “Shimpaku del noble Satake”, quizás porque como bonsai solo vivió 20 años o porque no se encontró ningún nombre a la altura de una obra tan magnífica.

SHIMPAKU Cap 1.- Su descubrimiento
Hoy en día, los juníperos Shimpaku creciendo en la naturaleza están en vías de extinción. Estos juníperos que se sepa solo existen en Hokkaido y en las islas Yakeshima y se extinguirán a no ser que se tomen medidas drásticas. El Shimpaku es una variedad del junípero chinensis (o Ibuki o Byaku-shin en japonés). En latín su denomonación botánica es Juniperus chinensis sargentii al ser identificado por C.S. Sargent en Hokkaido en 1892. El nombre botánico japonés es Miyama-Byakushin. Pertenece a la familia cupressaceae que incluye al ciprés Hinoki (Chamaecyparis obtusa). Gusta de tierras calizas y algunas veces también se encuentra en áreas ricas en mineral Peridot (de color verde por el contenido de hierro).
En el nº 5 de la revista Bonsai Gahou correspondiente a septiembre de 1907, se puede leer una discusión sobre el origen del Shimpaku como bonsai. Se dice que un amante de los bonsais, Rokurou Ohta, obtuvo un bonsai de enebro que recordó a sus admiradores la obra de un célebre pintor. Se trataba de Kanzankokai, un viejo ciprés japonés en una montaña en invierno. El rumor se extendió mucho entre los comerciantes que comentaban “este es el auténtico (=shin) roble (=paku)” de ahí le vino su célebre nombre. Esta palabra no se conocía ni en chino ni en japonés por lo que fue concebido en el mundo del bonsai como una nueva variedad de enebros.
Los shimpaku han sido muy populares desde la década de los 90´s del siglo XIX, pero durante algún tiempo fueron considerados como miembros del grupo Kinseijyu como la Rohdea japónica y también se veian muy gruesos y pesados. Su popularidad surgió gracias a los grandes coleccionistas como Ohata Tason y todos los amantes del bonsai se dedicaron en cuerpo y alma a esta especie. De hecho en 1900, el Shimpaku se consideró como uno de los clásicos usados en bonsai.
Durante los primeros años de su popularidad, había una gran escasez de esta especie comparado con los principales árboles utilizados como bonsai en esos momentos como el pino rojo japonés (Akamatsu), el pino negro japonés (Kuromatsu) y el cedro japonés (Sugi). Por ello quien poseía un Shimpaku podía presumir de él aunque no tuviera una gran calidad realmente. Si además el Shimpaku era de alta calidad costaba una fortuna por lo que se pensó que su destino sería ser siempre una especie prohibitiva y escasa. El problema era que los buenos Shimpaku habitaban en zonas acantiladas y de difícil acceso por lo que eran muy complicados de recolectar. Detrás de los espectaculares bonsais de esta especie estaban los arriesgados recolectores que ponían en peligro sus vidas para ello.
El Shimpaku tiene una historia oculta que intentaremos desvelar a lo largo de los siguientes capítulos.
Autor: Albinoni (bonsaisur)

jose angel
jose angel
que bueno ya estoy esperando el siguiente capitulo me gusta
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Tras el final de la 2ª Guerra Mundial, alrededor de 1949, se vuelve a reanudar la recolección de shimpakus en la montaña. Aunque no había garantías de que se mantuviera el alto precio de los shimpaku de antes de la guerra, todavía quedaban grandes especímenes por recolectarse. Sin embargo ya se había regulado de alguna manera la recolección en el monte Myouji: había que hacer un contrato oficial con la oficina pública del pueblo y estaba limitado desde el deshielo en primavera hasta el festival de Myouji. Esta limitación no era por el bien de los árboles sino por evitar accidentes personales por las avalanchas, deslizamientos en la nieve o hielo, etc. Por todo ello, solo unas pocas personas se siguieron dedicando a la recolección.

En torno a 1955, el número de shimpakus recolectados se había reducido a solo unos pocos. Los que anteriormente se habían dejado por ser de peor calidad son los que empezaron a recogerse entonces. Pero el Shimpaku resurgió en todo su explendor al volver a su punto álgido el mundo del bonsai en general. En 1975 ya hubo mas de 10 recolectores en la montaña y en 1979, los recolectores se organizaron formando la Unión de Recolectores Itoigawa. Dicha organización pagaba una cuota por el permiso de trabajar en las montañas de Kotaki y de la Unión Forestal y los miembros podían recolectar entre el 12 de Abril y el 15 de Junio.

El lider de la unión de recolectores fue Tetsuya Nakamura que ya empezó a hablar de la seguridad como una de las prioridades a tener en cuenta. Cuando la revista Kindai Bonsai (sabeis que es la revista “madre” de la nuestra Bonsai Actual) reunía información para publicar un artículo sobre el Shimpaku Itoigawa en el número de Noviembre de 1985, Nakamura indicó que ponía todo su cuidado en que ningún recolector de su organización resultase herido. Según Hajime Umesawa (del vivero Himekawa-en) que era amigo de Nakamura, “fue una persona sensata y prudente. Hacía cualquier cosa para garantizar la seguridad. Como resultado, solo se produjeron unos pocos accidentes, consiguiendo la confianza de los demás recolectores.



Foto de la izquierda: a la izquierda, Shinichi Nakamura y a la derecha Tetsuya Nakamura. Foto de la derecha: Tetsuya Nakamura en pleno ascenso

Otro recolector en activo por aquella época era Shinichi Nakamura. Como recordaba Umesawa “El era el tipo de persona que podía andar donde otros tenían que ir a cuatro patas. Como era mucho mas viejo que Tetsuya, yo le aconsejaba cada vez que lo veía que se retirara, pero siempre me contestaba ´¡que tontería! Yo sería el hombre mas afortunado si pudiera morir en la montaña. Ya he decidido que quiero morir en ella´”. Era como si estuviera poseido por algo (¿el espíritu de la montaña?) Aunque los dos, Shinichi y Tetsuya se llamaban igual no tenían ningún tipo de relación familiar. Juntos, realizando un espléndido trabajo en equipo fueron los que recolectaron a “Hiryu” la última obra maestra del Myouji y de la que hablaremos en el próximo capítulo.

Aunque los recolectores de montaña llevaban un equipamiento mínimo, el casco era fundamental. Esto era debido en parte al aumento de escaladores que se atrevían a recolectar en el Myouji lo que hacía aumentar las probabilidades de que te cayera una piedra en la cabeza, produciendo graves daños.

Sin contar a Hiryu, la mayoría de los shimpakus recuperados en aquella época eran de troncos medianos o pequeños. Así podían acarrear con la mochila a la espalda dos o tres árboles a la vez. Si se trataba de un buen especimen utilizaban para bajarlo el Shoiko que era un armazón de madera también para colocar en la espalda.

Los árboles recogidos eran llevados a la subasta el mismo día de la recolección. Como el cepellón se ataba con hierbas, no era posible saber a simple vista el estado de las raices por lo que debió haber un acuerdo tácito entre los ofertantes de no preguntar sobre este tema. Los precios variaban pero los ingresos generados para los recolectores en tan solo tres meses de recogida no eran suficientes para subsistir lo que les obligaba a buscarse otros empleos. En definitiva, este tipo de trabajo con los riesgos que implicaba en relación con las ganacias alcanzadas no parece que convenciera a muchos.

Incluso Tetsuya Nakamura hizo un intento de retirarse en 1983. Justo cuatro años más tarde, en la primavera de 1987, encontró la muerte en el monte Myouji. El 4 de Mayo de ese año, había rezado como en él era habitual en el pequeño santuario que tenía en casa y se fue a la montaña con el Eisen (artilugio con garras para poner en las botas y no escurrirse en el hielo). Todavía había nieve en las zonas bajas de las rocas. “Cambió a un nuevo Eisen al que no estaba acostumbrado y creo que esa fue la razón por la que ocurrió el accidente”, dijo Umesawa.

Pared sureste del monte Myouji

Solo cuatro semanas mas tarde, el 4 de Junio de 1987, Yamanakajima de Kaitani, también recolector de montaña, murió en otro accidente. “Fue un año terrible” recordó Umesawa. Y en 1998, el último de los recolectores de motaña, Shinichi Nakamura, también falleció en las montañas. Umesawa simplemente comentó: ”ese era su destino”. La oficina de policía de Itoigawa declaró que hasta que no se demostrara lo contrario, considerarían la muerte de Shinichi como suicidio…

Hace solo una década todavía se conocieron casos de recuperación ilegal pero eso se terminó. Hoy en día solo existen los robos de bonsai ¿verdad Tora?.

Con la muerte de Shinichi y la desaparición de los Shimpaku se puede decir que terminó la historia de la recolección en montaña.

Se estima que unas 30 personas murieron recolectando shimpakus pero no se incluyen aquellos que entrando de incógnito, también pudieron perder la vida. De alguna manera los shimpakus que fueron recolectados rinden homenaje viviente a todos los recolectores que se fueron para siempre …


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Hiryu “la obra maestra”

Era llamado “Arbol de Dios” por los recolectores de shimpakus de montaña incluso cuando todavía vivía en las paredes rocosas del Myouji. Llamado Hiryu (Dragón Volante), mide en su base 60 cm y tiene un tronco moldeado por la ruda naturaleza que le da un aspecto misterioso mas allá de lo artísticamente humano. Comparado con otros Itoigawas recolectados del Myouji, la imponente magestuosidad de Hiryu demuestra que es realmente una obra maestra.


Era 1983 cuando Hiryu fue bajado de la montaña. Tetsuya Nakamura, el lider de la unión de recolectores de shimpakus tuvo un papel protagonista en su recolección. Con varias personas, trató de sacar al árbol del acantilado pero por su gran tamaño y peso no fueron capaces incluso después de un esfuerzo extremo. A pesar de que hacerlo parecía casi imposible, finalmente urdieron un estratégico plan y con firme voluntad (echándole un par como decimos nosotros), consiguieron por fin su objetivo.

Hiryu

Considerando que en estos años 80, ya habían desaparecido todos los shimpakus que crecían libremente en la montaña, fue un milagro que un especimen fuera de serie como Hiryu estuviera todavía allí. Quizás los que lo vieron pensaron que era demasiado grande para ser bonsai. Hay que reconocer que hubo sus mas y sus menos al decidir si al final Hiryu se sacaba o no. El nombre de Hiryu o Dragón Volante parece que se le dió por su rugoso y sinuoso tronco, detalles ambos extrañamente particulares.

Tras el exitoso trasplante hecho por Naoji Itoh de Kotaki, el árbol está siendo cultivado y podado por Shoshin Nakagame de la prefectura de Shinzuoka. Esperaremos con impaciencia su entrada triunfal en el mundo del bonsai.

El hermano de Hiryu
Resulta que Hiryu fue acodado en la parte superior y de ahí salió su hermano que crece actualmente en una caja de madera en el vivero Himekawa-en de Oumi. Este vivero centró su atención en los Shimpakus Itoigawa recuperados y mantienen muchos de ellos.

El hermano de Hiryu


A pesar de que no ser tan bueno como Hiryu en cuanto al nivel artístico y de shari, es de destacar la imponente magestuosidad de su tronco. Parece que a los propietarios les está costando definir el frente ya que tanto el frente original como la parte posterior tienen bastante potencial aunque me han dicho que su intención es mostrar el frente donde se ve salir la raiz con fuerza. También me han dicho que están pensando mantener el frente como está pero inclinando el tronco un poco a la derecha y hacia adelante. Igualmente, van a cortar la parte superior para convertirla en tres o más jines para darle un aspecto como de llamas de fuego. Este árbol tiene un gran potencial para convertirse en el “último de los grandes Shimpakus Itoigawa”.

Podemos decir que Hiryu y su hermano, son los distintivos que ponen el telón a 100 años de historia de recolección de Shimpakus Itoigawa en la montaña que había empezado en los primeros años del siglo XX. Para poderlos considerar como bonsais a ambos les queda un largo camino que recorrer pero a pesar de ello, se pueden considerar como el símbolo de toda una época.




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Hoy en día ya no hay manera de encontrar, como se ha dicho, Shimpakus creciendo líbremente en las montañas. Como me extrañaba este hecho al haber lugares donde los había en abundancia, quise visitarlos por si acaso podía encontrar alguno. Sin embargo, fué inútil, realmente no queda ni un solo shimpaku en las montañas.

Pero ¿qué ha pasado con todos los Shimpakus Itoigawa que fueron recolectados en el pasado? Cuando casi había renunciado a saber nunca la respuesta, Michio Kataoka (del vivero Kataoka) me dió una valiosa información. “Hay un devoto de los bonsais –Sennichirou Ikehara- que nunca ha vendido lo que ha recolectado” me dijo. “Si quieres contemplar shimpakus Itoigawa recolectados en la montaña ¿por qué no vas a verle?

Encontré a S. Ikehara muy bien físicamente y con una voz llena de vida. Sin perder tiempo me llevó donde tenía sus bonsais. Quedé asombrado. Quizás sus shimpakus sean conocidos localmente pero en ningún caso fuera de allí y desde luego había muchos de primera calidad. Las maderas de los troncos estaban pulidas después de muchos años en las montañas y con unos maravillosos sharis que solo poseen los auténticos.


Ikehara tiene 77 años, con 40 de experiencia en bonsai y una mente de acero. El mismo se encarga de todo con gran habilidad, los trasplanta, alambra, poda … Es una persona honesta y nada arrogante pero muy difícil de convencer, rasgo que le caracteriza.

“Como ve, no hay nada que merezca la pena” me dice Ikehara pero por supuesto no hay nada más lejos de la realidad. Me comentaron que el mismo Kennichi Oguchi había sugerido en una ocasión que Ikehara debería abrir un museo de Shimpakus para mostrar sus tesoros, pero cuando le pregunté si iba a seguir la sugerencia de Oguchi se rascó la cabeza y me dijo: “No tengo los medios económicos para hacerlo” y añadió “No, nunca los venderé”. Esta es la razón por lo que localmente todavía existen los shimpakus recolectados de la montaña.



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Voy a comenzar este apartado con una serie de pequeñas historias que gracias a la generosidad de Albinoni , forero de bonsaisur,http://bonsaisur.mejorforo.net/ que me ha dado los permisos para poder compartirlas con todos vosotros

Doy las gracias al grupo de lectores que me animan a seguir emitiendo estos post donde libero mis deseos de escribir y al mismo tiempo me hacen sentir el romanticismo de las historias porque eso si, lo que cuente debe tener tintes sentimentaloides…

En Junio de 2005, Morten Albek, Torben Pedersen y Johnny Eslykke (los conoceréis por la página shohin-bonsai europe) se desplazaron a Japón para entrevistar a Saburo Kato. “Tenía pensado haber salido hoy de vacaciones hacia Kyushu dijo Kato, pero lo dejaré para mañana y así poder estar con vosotros y tener ese sentimiento de unidad que el bonsai nos proporciona”.

“Tras admirar un pino blanco de más de 400 años y un shimpaku de unos 300, nos sentamos a conversar”, nos cuenta Morten, “su simpática y sonriente esposa nos sirve fruta fresca y te caliente”.

“Tenía 13 años cuando trabajé con bonsáis por primera vez” recordaba Saburo, “en aquella época el sistema escolar estaba organizado para que los jóvenes fueran a la escuela hasta los 20 años y después acceder a estudios superiores que es lo que mi padre quería, pero no, eso no era para mi. Yo lo que quería era trabajar bonsáis y hacer de eso mi vida… La continuidad de Mansei-en está asegurada ya que mi nieto quiere continuar con el vivero…”

“Sabéis una cosa…”, comentó Saburo, “desde mi infancia he dedicado al bonsai todo mi tiempo, podría decir que el bonsai no es algo especial en mi vida porque el bonsai es mi vida. Desde los veinte años he soñado con exponer mis propios bonsáis pero aún no he tenido tiempo de hacerlo…”. “¿Quiere decir”, se sorprendieron los entrevistadores,”que Saburo Kato uno de los mayores maestros de bonsai no ha exhibido jamás sus bonsáis?”. “No. Toda mi vida he estado muy ocupado trabajando bonsáis para mis clientes pero ahora, después de esperar más de setenta años ha llegado el momento de mi exposición especial. Espero hacerla muy pronto.”

“A pesar de sus 92 años, nos explica con entusiasmo sus planes y nos lleva bajo el sol abrasador del verano hacia un área fuera de la zona comercial que el llamó –mi jardín privado de bonsai-. Allí nos encontramos los bonsáis, todos de la misma especie, plantados en roca y colocados en el suelo.” Saburo nos explicó “La exhibición no tendrá bonsáis convencionales. Tendrá lo que se podría llamar bonsai creativo. Tengo ya preparados unos 40 árboles para hacerlo aunque me harían falta unos 20 más. Quiero que el número total de árboles sea de entre 60 y 70. Estoy feliz y aún encuentro la energía suficiente para hacer bonsai y tener nuevas ideas. Es el bonsai el que me da las fuerzas…”

Algunos estaréis pensando, ¿de qué especie serán todos los árboles? Aaaamigo…tendréis que esperar un momento, sigo un poco más con la entrevista:
“Cuando estoy cansado” dice Saburo con nostalgia “me siento entre estos árboles, retrocedo 50 años en el tiempo y mi mente vuela hasta Rusia…” ¿Eeeeeh? para, para ¿que pinta Rusia en toda esta historia? me pregunto yo.
Yo siempre he admirado la película Ciudadano Kane (la primera vez que la vi siendo un chaval me pareció un rollo) porque pienso que todos tenemos un Rosebud. Perdonarme que os cuente una historia y luego sigo con la entrevista.

A finales del siglo XIX un grupo de bonsáistas reconocieron el enorme potencial que la picea glehni (picea de Ezo; Ezo era el antiguo nombre de Hokkaido) tenía como bonsai pero no fue hasta el final de la primera guerra mundial cuando se reconoció esto a nivel general una vez se trajeron recuperados bastantes árboles de esta especie. Para obtener los mejores ejemplares de esta picea se desplazaron hasta la isla de Kunashiri cerca de la península de Chishima en Hokkaido. Estas islas pasaron tras la segunda guerra mundial a ser territorio ruso (de ahí que Saburo se refiriera a Rusia, pero luego seguiremos con eso).
Tomekichi Kato fue el primero en alabar la belleza de la picea de Ezo y se apresuró a traerlas desde las islas de Hokkaido lo que propicio su popularidad.

Las piceas de Ezo de estas islas viven en un clima muy extremo ya que las montañas de Chacha-dake están heladas hasta julio y empiezan a volver a helarse en ¡Septiembre! La picea de Ezo no crece vigorosamente porque las condiciones del suelo impiden el crecimiento de las raíces, se mantienen vivas gracias a las pequeñas raicillas que se desarrollan en la parte superior de la capa de musgo esfagno que cubre todo el terreno. Además el árbol debe desarrollar los nuevos brotes y conseguir todo su crecimiento en tan solo tres o cuatro meses que dura la época de crecimiento (de principios de junio a finales de septiembre). Todo esto hace que los árboles de esta especie sean muy pequeños, incluso algunos de más de 100 años tengan el tronco del tamaño de un dedo lo que los hace propensos a convertirse en bonsáis.

Cuando los árboles eran recolectados, llegaban a la isla de Honshu a mediados de septiembre y en la siguiente primavera las piceas brotaban con un verdor bonito y brillante. Para emular sus condiciones naturales, las piceas recuperadas se plantaban en musgo esfagno que era su hábitat natural. Al ver la nueva brotación se pensaba que los árboles estaban perfectamente y se vendían. Sin embargo al cabo de algún tiempo, los árboles perdían el vigor y a finales de su tercer año en contenedor, la mayoría moría. Se puede decir que miles de árboles corrieron esa suerte ya que pasaron años hasta que se descubrió el problema.
Después de tantas muertes y tan tremendo caos emocional y económico, los compañeros de Tomekichi Kato sugirieron poner fin a las recuperaciones de las piceas de Ezo. Pero Tomekichi cautivado por la belleza de estos árboles continuó investigando para encontrar una solución al problema. Probó con nuevos métodos, abonos, macetas, riego, pero sin mucho éxito. Un día sobre 1928, al sacar una picea de su contenedor para trasplantarla se dio cuenta al eliminar las raíces deterioradas que había musgo podrido entre ellas. Los restos que quedaban parecían los mismos que quedan al hacer tofu. Cuidadosamente limpió las raíces y plantó el árbol en un sustrato normal, que a partir de entonces creció sano como una pera. Aunque las piceas crecían naturalmente en musgo, Tomekichi descubrió el problema que no era otro que al ser muy bajas las temperaturas ambientales donde viven las piceas, el musgo donde se desarrollan tarda mucho tiempo en descomponerse. Sin embargo al traer las piceas a un clima más cálido, el musgo se descomponía mucho más rápidamente y las raíces del árbol se pudrían al mismo tiempo.

La primera composición de Saburo Kato como bosque (yose-ue) fue un encargo del Sr Sakagami, presidente de una compañía que le pidió que le hiciera “el bonsai de su vida”. El deseo de Sakagami era que Saburo reflejara en la composición los bosques vírgenes de Hokkaido, usando las piceas de Ezo. La razón a este anhelo era que Sakagami era admirador del poeta Takuboku Ishikawa y quiso que Saburo reflejara el corazón del poema:

“Saihate no eki ni oritachi
Yuki akari sabishiki machi ni
Ayumi iriniki”

“Me bajé del tren en la remota estación y paseé por una ciudad solitaria iluminada solo por la nieve.”

“Shira shira to kouri kagayaki
Chidori naki
Kushiro no umi no
Fuyu no tsuki kana”

“El hielo brillaba, un chorlito cantaba, la luz de la luna de invierno en el mar de Kushiro”.

Este bosque se llamó Saihate no Oka (Colina remota).



A pesar que Saburo recordaba perfectamente los bosques de Hokkaido viajó allí varias veces para perfeccionar esta composición a la que dedicó 4 años. La terminó en 1957.

Pero continuemos con la entrevista…

“Estos bonsáis llevan conmigo 70 años y he trabajado en ellos desde entonces. Los recolecté en una isla de Hokkaido al norte de Japón. Desde Hokkaido había que viajar tres horas en barco hasta Rusia. Doce veces hice este viaje a Rusia para recolectar las piceas en las montañas costeras. Hoy, no es posible para nadie recuperarlas pues en Rusia está totalmente prohibido. Eso hace más especiales estos árboles. El mayor de ellos tiene unos 270 años.” Cuando me siento aquí recuerdo todo eso, cuando iba con mi padre, si muy felices momentos… Cuando miro este paisaje siento felicidad y tristeza al mismo tiempo porque recuerdo cosas buenas pero también malas.
Estos que veis son 25 de los árboles que tengo preparados para mi primera exposición. La composición muestra el escenario donde fueros recuperados en Rusia. Las montañas al fondo, en la mitad el bosque y en nuestros pies la línea de costa con piedras y bosques. De esta forma que los veis, serán exhibidos, es decir, sin macetas, plantados en roca. En total habré creado unas doscientas de estas piceas, veinte de las cuales se las regalé al Emperador.

Si las personas crean bonsai por supuesto que se divertirán pero también tendrán momentos de sacrificio. Si trabajas lo suficientemente duro, la recompensa será mucho mayor al final. Enseñar bonsai también me fascina en mi vida y regularmente voy a casa de personas mayores a enseñarles…”

Saburo Kato 15 de Mayo de 1915- 8 de Febrero de 2008

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Se dice que el primer Shimpaku recuperado de la naturaleza procedía de los montes Ishizuchi en la isla de Shikoku.

El monte Ishizuchi es el pico más alto de la isla Shikoku.
En este área ya se habían recolectado durante mucho tiempo los pinos rojo y negro japoneses para su uso como bonsai. Estos (no se bien como llamarlos) “recolectores” tenían una gran experiéncia en montaña y además tenían muchos conocimientos en cuanto a trasplantes y cultivo aumentando las nuevas raices de los especímenes recolectados. Uno de estos recolectores encontró por primera vez uno de estos enebros que posteriormente se llamarían Shimpaku. Los juníperos chinensis cultivados en maceta ya eran muy apreciados desde hacía tiempo, así que si esta especie pudiera ser recuperada de la naturaleza (yamadori) y cultivada en macetas sería un gran descubrimiento.
Sin perder un segundo el recolector lo recuperó y lo plantó en una maceta. Se lo llevó a un comerciante de Takamatsu, ciudad que fue uno de los centros del bonsai en Shikoku donde iban comerciantes no solo de Kyoto, Osaka o Kobe, sino también desde tan lejos como Tokyo. La variedad de enebro chino que llegó luego a conocerse como Shimpaku se hizo popular primero en la región de Kansai pero pronto llegaría a Tokyo. Esto se debe a que un hábil comerciante del vivero Kunpu-en consiguió buenos ejemplares que impresionaron a las personas más exigentes.


La edad de oro del Shimpaku de Ishizuchi fue durante el periodo Meiji (de 1868 a 1878). Naturalmente el sentido estético que se tenía de esta variedad es muy diferente de la de hoy en día. No se apreciaban mucho los jines y el shari sin embargo se sintieron profundamente impresionados por la postura natural producida por su desarrollo en la montaña. No estaba de moda el movimiento de las ramas se intentaba aparentar la vejez de una forma mas sutil (shibui). De hecho, las imágenes que se tienen de esta época demuestran que las ramas no se tocaban para darles forma. Hacían podas lo mas ligeras posible y no tocaban tampoco la madera (no quitaban la piel superficial ni pulían los troncos).

Cuidaban de los shimpaku como si fueran piezas de anticuario. El shimpaku de Ishizuchi en comparación con el Itoigawa que llegaría mas tarde, tenía una forma podríamos decir salvaje o no domada pero sensible, se conformaban con haber podido cultivarlos en maceta y eso los hizo muy populares. Además los ejemplares encontrados tenían un tamaño mediano lo que los hacía muy propensos para ser bonsai.

El Shimpaku de Shikoku eran muy apreciados por tener troncos viejos pero sin mucho movimiento.

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Al principio de su popularidad, los Shimpakus estaban por todas partes en los montes Ishizuchi y no se necesitaban muchas herramientas para recolectarlos. Así que cualquiera podía hacerlo con mucha facilidad. Pero  la demanda comenzó a subir y subir y las recolecciones se multiplicaron. Por aquel entonces no había ningún tipo de restricción para recoger los árboles de las montañas y coleccionistas de todo Shikoku fueron en tropel a recolectar. No solo iban ya los que pudieramos llamar profesionales, sino también todos los aficionados a los bonsais y lo que es peor, los que querían sacar dinero rápido. El resultado fue que en tan solo 20 años el Shimpaku Ishizuchi fue virtualmente extinguido. Incluso se atrevieron a recolectar los existentes en la parte trasera izquierda del monte Besshi y los que estaban en los acantilados.
Los recolectores iban a la montaña en parejas. Cada uno llevaba dos cuerdas finas y dos gruesas y un pico (piolet) como el de la foto.

El pico es un instrumento muy funcional pero al mismo tiempo muy peligrosa en manos inexpertas.
Uno de los dos (el recolector) ataba una de las cuerdas a un árbol en la cima del acantilado y bajaba usándola como linea de vida (es decir que si se caía quedaba colgando). La otra persona miraba hacia abajo del acantilado con unos prismáticos para buscar algún Shimpaku apropiado. Una vez avistado le daba instrucciones al recolector de donde estaba y por donde tenía que ir. Este se ayudaba con el pico para moverse por la pared del acantilado. A veces tenía que darse impulso o columpiarse en el aire para acceder al lejano rincón donde estaba el árbol (me recuerda al Sr Miyagi en Karate Kid 3).
Era muy peligroso pues si se rompía la cuerda (habría que ver como debían estar) era el fin para el pobre desgraciado. Al llegar a la planta, apartaba las piedras o rocas que le molestaran, descubría las raices y liberaba el árbol cortando con el filo del pico las raices mas profundas.
Durante el periodo de 1903 a 1908 se produjeron muchos accidentes donde tanto el recolector como su pareja se precipitaban ambos por el abismo. La mayoría de las víctimas eran mineros de la mina de cobre de Besshi, empleados de los ricos comerciantes o cualquier otro que lo intentaba sin ser profesionales del bonsai.
En la primera década del siglo XX, el precio de un Shimpaku Ishizuchi era de entre 200 y 1000 yen. Hoy en día correspondería a varios millones de yen (que barbaridad para aquella época). Es natural que la gente arriesgara la vida por tan preciado tesoro. Algunos de los recolectores que apreciaban mucho estos bonsais no los vendían y por lo tanto se pueden encontrar grandes colecciones en gente normal y corriente de Takamatsu, Niihama, Saijyou y Imabari.
Aunque Kuransouke Fujita de Niihama Tahei Suzuki de Doi (si teneis buena memoria recordareis que fue el que recolecto al célebre Higurashi) y otros eran conocidos por ser recolectores famosos, hubo innumerables semiprofesionales que hacían negocio a gran escala con los comerciantes de Takamatsu. Sin embargo hacia el final de la era Meiji (1912) cuando se extinguió el Ishizuchi hubo quien cruzó el mar para buscar los shimpaku coreanos. Por ello, en los alrededores del año 1908 casi todos los Shimpaku vendidos en Takamatsu eran coreanos. Sin embargo estos shimpakus coreanos fueron llamados Shikoku pues por su calidad eran difíciles de diferenciar de los de aquella zona. Se propagaron por tanto especímenes de Kyushu, Yamato, Kishu, Koushu, etc. Cuando corrió la noticia de que había shimpakus disponibles se desplegaron los efectivos de recolectores-distribuidores de Shikoku para buscar nuevas áreas de recuperación donde el shimpaku creciera libremente. Este grupo de buscadores sabía perfectamente el valor de los árboles y habían adquirido todos los conocimientos necesarios para recuperarlos.
La recogida de estos árboles era como la caza, una vez que le habían cogido el gusto la gente no era capaz de volver a sus trabajos estables en granjas, comercios, etc y estaban siempre vagando en busca de una nueva presa. Se convirtió casi en imposible encontrar ya más árboles.
Sin embargo hubo un hombre con una extraordinaria suerte (al saber llaman suerte). Se trata del ya famoso Tahei Suzuki (el de Higurashi) pero su historia vendrá en el próximo capítulo.
Albinoni (Bonsaisur)

bonsaicantabria
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Este hombre afortunado nació en 1865 en vísperas de la Restauración Meiji, en Doi de la provincia de Ehime (hoy en día Doi-cho de la prefectura de Ehime).

Tahei Suzuki

Doi se encuentra en la ruta de paso entre Kawaone y Niihama y ha sido ciudad de repostaje desde la era Edo (1603-1868). Aunque se puede decir que está justo enfrente del mar de las islas Seton, hay algunas montañas bajas que impiden la vista del mar desde allí. Como no hay llanuras en esa zona, no era posible el cultivo del arroz por lo que la comida base era el ñame (batata). Además de este tubérculo las montañas les proporcionaban plantas silvestres comestibles, setas y leña. A partir de la última etapa del periodo Edo cuando el bonsái llegó a ser popular en Kyoto, Osaka y Kobe, como un medio secundario para ganar dinero, la gente empezó a recolectar material para prebonsais y se recogieron con éxito especímenes jóvenes de pino rojo japonés (Akamatsu) y pino blanco japonés (Goyomatsu) en las montañas cercanas como el monte Kumataka, el Akagi y la cordillera Akashi que trajeron a los recolectores cómodos ingresos económicos.
En la parte oeste de la ciudad de Doi, hubo una comunidad llamada Sekigawa donde había un montón de familias apellidadas Suzuki. Durante la era Meiji hubo muchos distribuidores de bonsai entre los Suzuki que bajaron semillas de Akamatsu y Goyomatsu de las montañas para hacer bonsai y se las vendieron a los comerciantes de Takamatsu o a otros aficionados al bonsai.
Durante la primera década del siglo XX, Tahei Suzuki deambuló por todo Japón buscando Shimpaku.
Al volver en barco desde la isla de Hokkaido se fijó en el monte Kurohime al norte de los Alpes Japoneses y decidió buscar allí. Este monte está formado por piedra caliza y pudo encontrar allí una gran abundancia de Shimpakus. Esta historia se ha venido contando repetitivamente a lo largo de los años. Partiendo del Kurohime fue por la llanura Aikomi a la laguna Hiyodori y caminó por la cresta de la sierra hasta la cumbre del monte Myouji y quedó atónito al ver lo que tenía debajo. Era una enorme colonia de Shimpakus rodeando el monte Kurohime. Vio innumerables Shimpakus juntos en la pared de la montaña, mostrando sus inmaculados y blancos sharis.

Primer Shimpaku recolectado por Tahei

Todos los shimpakus de esta área se llamaban Itoigawa, en referencia a la ciudad de Itoigawa (en lo que hoy es la Prefectura de Niigata en la costa oeste de Honshu), donde los bonsáis eran comprados y vendidos.
Si miras el monte Kurohime desde el lado del río Himekawa parece una mujer con una túnica holgada. Se le puso Kurohime (que significa princesa negra) en honor de la princesa Nunakawa que fue muy conocida por su inteligencia y belleza. En la cumbre del monte hay un pequeño santuario de piedra dedicado a la princesa y con motivo del festival anual del 24 de abril, muchas personas suben a visitarlo. A los pies de la ladera oriental de la montaña hay una gran caverna de piedra caliza llamada Fukugakuchi (que significa donde se encuentra la buena fortuna).

Monte Kurohime de Shimizukura donde vivió Tahei

Parece que Tahei descubrió efectivamente la buena fortuna de la princesa negra ya que más allá de sus sueños más optimistas había encontrado tal cantidad de Shimpakus Itoigawa que nunca podría recolectarlos todos.
Tahei tenía tal pasión por los shimpaku que frecuentemente tenía roces con otras personas que acabaron llamándole “el excéntrico Tahei”. Se dice que se apegó a las rocas tanto tiempo que cuando fue recogido tenía distorsionados brazos y piernas y no podía hacer cosas normales como comer o dormir.

Montes Kurohime y Myouji ambos compuestos de piedra caliza

Los montes Myouji y Kurohime que están unidos por la cumbre están hechos de piedra caliza y tienen una vegetación muy similar. Ambos también tienen los mejores valles de jade en su seno. El monte Myouji asciende poco más de 1000 metros sobre el nivel del mar al igual que el Kurohime e impresiona menos que otras cumbres del norte de la cordillera de los Alpes Japoneses. El monte Myouji no es difícil de escalar si se conoce el camino adecuado. En la bajada, si se toma uno de los senderos se puede disfrutar de escuchar el crujido de las hojas secas bajo los zapatos.
Pero el Myouji no es un monte cualquiera. En su cara sureste hay una pared que parece como si la hubieran cortado con un cuchillo. Está casi siempre cubierta de nubes por lo que siempre está o nevando o lloviendo. Este muro natural se puede ver muy bien desde la ruta que lleva a la laguna Takanami-no-ike de Otaki. Desde este punto, los escaladores que se aferran a sus paredes parecen hormigas.
Escaladores de fama mundial como Tsuneo Hasegawa (1947-1991) se entrenaban en este cortado del monte Myouji e hicieron famosa la ruta sureste.
Sin embargo, hay que decir que los primeros valientes en ascender este muro no eran montañeros experimentados como Tsuneo Hasegawa, sino que fueron nuestros cazadores de shimpakus. Incluso hoy en día los escaladores que realizan esta ruta y que tienen actualizados sus diarios en páginas de Internet mencionan la palabra Shimpaku. También dicen que encuentran restos de escalada como cuerdas usadas y clavijas incrustadas en los muros de piedra caliza dejadas por nuestros recolectores de Shimpaku. Expertos escaladores han expresado su asombro cuando a veces han encontrado restos de estas escaladas en los que consideran lugares prácticamente inaccesibles con una inclinación superior a los 90º.
La mentalidad de un recolector de shimpakus es diferente a la de un montañero. Ambos deben ir equipados con lo mínimo imprescindible pero el recolector debe también ser capaz de llevar un shimpaku a la espalda una vez recolectado. Además el recolector debe estar centrado en el negocio de la recolección mientras que el alpinista lo hace solo por la aventura. Pero las cosas no son siempre tan simples. Los recolectores arriesgan sus vidas y no puede ser solo con fines crematísticos (económicos).
En el próximo capítulo hablaremos del tándem formado por Tahei Suzuki y su hermano Fukuji.
Albinoni (Bonsaisur)
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